Carta a los editores de libros de texto

Estimados amigos,

No nos conocemos personalmente, pero sigo con atención sus ruedas de prensa y leo sus estudios en su web. En algunas jornadas, etc. he coincidido con algún trabajador/a de sus empresas y hemos intercambiado opiniones sobre el futuro de los libros de texto en una escuela en la que todos y cada uno de los estudiantes disponen de un ordenador portátil y conexión a Internet… allí y en su casa (un futuro bastante probable y cercano). En esas ocasiones no me he privado de expresarles mi opinión de que Uds., ahora mismo, tienen dos graves problemas. El primero es que no tienen ni idea de qué pueda ser un ” libro de texto digital”. No se preocupen demasiado por esto: ni Uds. ni nadie. El “libro de texto digital” no existe y posiblemente no existirá jamás. Luego se lo explico. Pero es evidente a la luz de lo que han hecho hasta la fecha. No hay más que ver sus “demos”: han “digitalizado” sus libros de toda la vida (y les han añadido cuatro animaciones en “flash”, tres clips de vídeo y cinco ejercicios autocorrectivos para ver si el niño se acuerda de la definición de sintagma nominal).

El segundo problema es que, como no tienen “producto”, tampoco tienen ni idea de cómo venderlo. Bueno, no tienen ni idea de cómo venderlo sin perder dejar de ganar una enorme cantidad de dinero. En el año 2008, me permito recordarles, recaudaron casi 900 millones de euros de los ciudadanos de este país. Lo he leído en una de sus notas de prensa, concretamente la titulada Los editores ponen en marcha una plataforma de contenidos digitales de enseñanza (en el último párrafo). El problema, parece ser, es que la Administración educativa no está dispuesta a seguir pagando sus libros de texto en papel porque se ha gastado una pasta en ordenadores para los niños y las escuelas. Los quiere en formato digital para sus flamantes portátiles y, ¡horror! no está dispuesta a pagar los precios actuales. Creo que la cosa está ahora mismo por unos treinta euros por todos los libros de un alumno (creo que esto es lo que la administración educativa catalana baraja ahora mismo y si no es así, algún amable lector me corregirá).

El objetivo de esta nota, sin embargo, no era informarnos de sus ingresos anuales, sino de su proyecto NEDA, una plataforma que… pero mejor dejar que Uds. lo expliquen:

NEDA está concebida como una herramienta multiuso que albergará un catálogo de contenidos educativos, contenidos educativos interactivos, biblioteca digital y otros materiales de enseñanza complementarios al libro de texto que permitirá a profesores, alumnos y padres mejorar o completar los materiales curriculares con actividades de refuerzo.

He resaltado una palabra en su texto para facilitar la comprensión, espero que no les importe. NEDA es una plataforma para vender materiales complementarios al libro de texto, digital o en papel. Queda claro.

Pero el motivo que me haya decidido a escribirles esta carta es otro. Hace un par de días la prensa publicó la crónica de su última rueda de prensa. El titular de la nota que difundió Europa Press es, lo reconocerán, un tanto “fuerte”:

Editores acusan a los poderes públicos de “cómplices de piratería” al fomentar la gratuidad de los contenidos educativos

En la noticia de Europa Press decía:

Los editores han acusado este martes a los poderes públicos de “cómplices de la piratería” porque “al fomentar la gratuidad de los contenidos educativos se anima a las nuevas generaciones a cuestionar la legitimidad de remunerar la creación”…

¿Podrían explicarme cómo fomentando la gratuidad se “anima a cuestionar” la legitimidad de remunerar la creación? Y, de paso, si “creación” es lo que Uds. creen que hacen con los libros de texto? No lo tengo muy claro. Quizá deberían haber dicho “remunerar la edición, reproducción y distribución en papel de los libros” que es, creo, a lo que se dedican.

Y sigue más abajo:

En declaraciones a Europa Press, Ávila [Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE)] ha criticado que las administraciones públicas “gasten el dinero destinado a educación en ordenadores y pretendan que los contenidos se les regalen” y advirtió de que “la máquina sola no da inteligencia” y, por lo tanto, recomendó que “no se primen las herramientas en detrimento de los contenidos educativos”. Además, ha señalado que el cambio tecnológico no puede ser utilizado por las administraciones para convertirse en “malas editoras” de libros de texto.

Por último, el coordinador del informe [presentado en dicho acto y titulado La situación de los contenidos digitales educativos en los países de la OCDE: perspectiva española], realizado por la Unidad de Psicología del Consumidor y Usuario de la Universidad de Santiago de Compostela, Eduardo Picón, ha apostillado que “no existe a día de hoy ni un marco teórico sólido ni evidencia empírica suficiente de que las TICs mejoren de forma generalizada los procesos de enseñanza y aprendizaje ya que el verdadero valor añadido de estas nuevas tecnologías lo proporcionan los contenidos”.

Permítanme que muestre mi sorpresa: ¿están mordiendo la mano que les da de comer? Es una mala idea. Quizá estén presionando para que la administración continúe gastando esa cantidad obscena, e innecesaria en la era digital, de dinero de nuestros impuestos en sus libros de texto en papel. Pero antes, deberían decidir a qué juegan: libros de texto digitales o en papel. Si es lo segundo, no creen portales para vender actividades de refuerzo (digitales, por supuesto) y dediquense a afirmar que la Internet es mala y que mejor que no se use en educación (habría gente dispuesta a creerles). Si, por el contrario, el formato digital no es tan nefando, pues ya pueden pensar un plan de reestructuración del sector pues pasar de 200 euros año/alumno a 30 supondrá una rebaja notable en sus cuentas de resultados, aunque también se rebajarán sus gastos en papel y distribución. Quizá no necesiten a gran parte de su plantilla, al cambiar de papel a digital… o quizá sí. Igual tiene que seguir enviando a los Reyes Magos a las escuelas.

Y no pienso decir nada de las opiniones del señor Picón, coordinador del informe que la Unidad de Psicología del Consumidor y Usuario de la Universidad de Santiago de Compostela les ha hecho. No conozco sus publicaciones sobre didáctica y nuevas tecnologías y no quiero pronunciarme al respecto. Pero yo, de Uds. me mosquearía de que los informes que encargan les digan solo lo que Uds. quieren oír (o quieran hacer oír a la opinión pública, entonces sería otro tema). No se qué entiende por “suficiente”, ni si las evidencias a las se refieren son proyecto de dotación de TIC y no hacer nada más esperando sentados a que los niños y niñas aprendan solos. Con lo cuál le podrían haber encargado el estudio directamente a Perogrullo.

El error, su error, es creer en las propiedades mágico-didácticas de los “contenidos”. Señores, los contenidos, sin docente, se llaman libros y bibliotecas, hace años que tenemos y, que yo me hay enterado, no han acabado con las escuelas, ni las universidades. Los maestros y maestras educan, sus libros son, o eran en su tiempo, una ayuda. Igual que la Internet ahora. Desgraciadamente para Uds. en Internet hay recursos mucho mejores que sus unidades didácticas, “contenidos” que los maestros usan en sus actividades didácticas. Pero en Internet hay más cosas: hay, por ejemplo, herramientas fantásticas para enseñar y aprender (¿han visto alguna vez Google Maps?), y hay otros docentes y alumnos de todo el mundo, con los que aprender juntos… y eso, sus libros actuales y futuros no lo van a tener. Lo suyo son “los contenidos”. Como la Wikipedia, vamos. Y las actividades didácticas que proponen, que se resuelven… estudiando los contenidos. No muy innovador ni de mucha calidad didáctica, si me permiten.

En fin, creo que el mundo va en una dirección y Uds. están anclados en el pasado. Les ha ido bien, y les va bien ahora mismo, pero pónganse las pilas. Porque, si tengo a la misma distancia, un clic de ratón, una exposición del Museo Británico sobre Egipto, quizá su unidad didáctica sobre el arte egipcio me parezca un poco “cutre” y encima trabajo con la de Inglés. Si tengo las programaciones de otros docentes, quizá la suya me sepa a poco para hacer la mía propia, y si puedo trabajar junto a otras cinco escuelas estudiando un tema “sobre el terreno”, con datos actualizados en tiempo real, y los estudiantes pueden publicar sus resultados en la red, quizá sus actividades sugeridas me sepan a cartón, si en sus libros digitales, cada vez que profundizan en algo, me remiten a vídeos o páginas de la Internet, quizá piense que todo lo que necesito ya está en Internet y que gastarse mis impuestos en algo que se puede conseguir gratis, pues no está claro. El día que los docentes se den cuenta que esos cañones y pizarras digitales se pagan con sus impuestos… En fin.

Por otra parte, tienen razón en un tema. La administración juega a dos barajas (o su mano izquierda hace una cosa y la derecha otra) y no debería ser la autora de los materiales de enseñanza. Lo mejor que podría hacer es subvencionar a los grupos de docentes más didácticamente innovadores para que  los hicieran y los compartieran gratuitamente por la red. De hecho dichos grupos ya lo están haciendo sin que les ayuden demasiado desde arriba. Dicen que “el conocimiento quiere ser libre”. Quizá sea cierto. Lo que si es cierto es que la red ha cambiado las reglas del juego. Y Uds. se han dado cuanta tarde: no tenían preparada ninguna estrategia para los nuevos tiempos.

Finalmente, permítanme una reflexión final. Eso que están “buscando”, el libro de texto digital, no lo encuentran porque no existe. Y no existe porque quizá no tenga sentido en estos tiempos que vivimos. En la época en la que el acceso a la información era costoso y difícil, un libro de texto tenía mucho sentido: todo lo que merece ser sabido en el curso en un solo sitio, ordenadito y semidigerido. Gran ayuda para los docentes. Eso, hoy, en la era Internet, es sencillamente impensable. Pretender que paguemos esas cantidades por ello, más todavía. La administración y los ciudadanos no tragaremos si no nos ofrecen algo más. Quizá deban “repensarse” como empresas de servicios y dejar de verse como empresas que elaboran industrialmente un producto material, caro, idéntico, inflexible y, en demasiadas ocasiones, malo, para todos los estudiantes. Ya deben haber notado que pasar los libros actuales al formato digital no funciona: las posibilidades del soporte dejan en evidencia sus PDFs encerrados en lectores Flash. Es más, no pongan demasiadas esperanzas en plataformas neutrales, objetos de aprendizaje estandarizados y desagregación de contenidos, ni en ofrecer sus libros dentro de una plataforma, es la idea misma de limitar el uso educativo de la red a un conjunto de contenidos,  estáticos e iguales  para todos, que se pueden conseguir gratis en cualquier parte, la que no tiene sentido. Agreguen valor y hablaremos.

Paul Graham, en Post-Medium Publishing, estableció el criterio de manera muy clara:

“Cuando vea una iniciativa que utiliza las nuevas tecnologías para dar a la gente algo que quiere y que no había tenido antes, probablemente esté viendo un vencedor. Y cuando vea algo que es una mera reacción a la nuevas tecnologías, en un intento de preservar una fuente existente de beneficios, probablemente esté viendo a un perdedor”.

El problema es que los docentes que quieren libros de texto digitales son precisamente los menos innovadores y los menos comprometidos con el aprendizaje de sus alumnos (esto levantará algunas ampollas, pero alguien tiene que decirlo). Eso los padres lo descubrirán pronto, si no lo han descubierto ya. Del mismo modo que los centros que se niegan a usar los portátiles deberán dar explicaciones a las AMPAS. Y las escuelas que se aferren a los libros de texto teniendo toda la Internet a su disposición, posiblemente tengan pronto mala fama.

Perdónenme por el tono indignado de esta carta, pero han llamado públicamente “cómplices de piratería” a mis representantes políticos y, aunque no me gusta gran parte de lo que hacen, siguen siendo mis representantes y, en este caso, si se esfuerzan por conseguir materiales educativos de calidad y más baratos en lugar de hacerles a Uds. más ricos, les aseguro que tienen todo mi apoyo.

Un comentario final. No deberían morder todas las manos. De los proyectos del tipo “portátiles sí, pero innovación didáctica ninguna” como el catalán Educat 1X1, y su futuro iTunes de los libros de texto, la plataforma Empúries (otras comunidades autónomas también merecen tirones de oreja, pero no es el momento), aunque no les gusten por su pretensión de bajar sustancialmente los precios de los libros de texto (digitales) deberían besar por dónde pisan. Siguen creyendo que los docentes necesitamos libros de texto. Eso es muy bueno para Uds. Aunque, si tienen que besar algún suelo, les recomiendo las moquetas de Aguirre, Camps y Valcárcel. Y no le regalen nada a Camps, por favor. Ya tiene bastantes líos.

Atentamente,

Por qué no uso Prezi

Desde hace un tiempo estoy viendo crecer en las presentaciones el uso de Prezi –una herramienta online para hacer “zooming presentations”– y quería explicar por qué no lo uso y por qué no me gusta asistir a presentaciones con mucho “zooming”.

Hace unos años dí una charla en cierto sitio y al finalizar hubo algunas preguntas sobre lo que había dicho. Pero la última pregunta fue algo así como “La presentación que nos has mostrado, no está hecha con PowerPoint, ¿verdad?”. Contesté que no, que usaba un programa llamado Keynote que solo está disponible para Mac, etc. Pero más tarde, en el hotel, pensando en la pregunta, comprendí que ese día había abusado de las transiciones entre diapositivas. Demasiado “espectacular”. El efecto de las transiciones debe ser apoyar el mensaje, no distraer al público. Si entre dos diapos la audiencia piensa “Mira qué chulo, ¿cómo se hará eso en PowerPoint?” la has fastidiado: les haces perder el hilo del discurso y puede que la siguiente diapositiva no tenga sentido para ellos.

Desde ese momento tomé una determinación: no usar más que un único tipo de transición… y discreta (“disolución”, casi siempre) y, en alguna ocasión, otra para marcar el cambio de sección o tema (“deslizamiento”, quizá). Al final, cuando muestro mis datos de contacto (no puedo evitarlo :-) ) suelo usar algún efecto de texto del Keynote, de esos que los usuarios de PowerPoint miran con los ojos como platos (lo siento: los usuarios de Mac somos una minoría bastante fanfarrona y nos encanta epatar a los usuarios de Windows). Pero nada más. Y es solo en la última (lo juro). Tras ella no hay nada más. No produce despiste entre los pasos de un razonamiento o una secuencia organizada de datos o hechos.

Prezi, lo siento, eleva las transiciones “voladoras” y los “efectos especiales” a la esencia de la presentación. El único uso que le veo es para presentaciones “sin presentador/a”, para hacer un show multimedia, si es posible, sin demasiado texto. Del mismo modo que usar los ajustes por defecto de PowerPoint o Keynote conduce a presentaciones “solo texto” (¿por qué tras la diapositiva del título y autor sale una con título y “bullet points”?) pero es evitable si controlas un poco esto de las presentaciones, supongo que Prezi se debe poder “domesticar” para que no toda presentación parezca igual (lo siento: esa es mi otra impresión de tanto “sobrevuelo” y zoom) y para que las transiciones apoyen el contenido y no lo conviertan en algo secundario. Prezi se come los contenidos.

Para mi, la presentación ideal es aquella en la que los asistentes no sepan qué herramienta has usado, ni qué tipo de letra han visto, y se concentren en tí, en lo que “oyen”, apoyado conceptual y emocionalmente por lo que “muestras”. ¡Si me parece que hasta Steve Jobs “se pasa” de transiciones! Si usas una transición diferente entre cada dos diapositivas, a la tercera el público está pensando: “¿qué hará esta vez?”. Lo mismo es aplicable a los efectos de texto. Deja el texto tranquilo: !es para leerlo (y rapidito), no para perseguirlo con la vista como en el tiro al plato!

Con la tipografía me permito alguna excepción: a veces la portada. Un guiño para despertar atención en esos momentos previos a la charla. ¿Ejemplo? Esta es la portada de mi última presentación para el Centro de Profesores de Ciudad Real (gente estupenda, un abrazo).

Nou llibre: Ordinadors a les aules. La clau és la metodologia.

Portada llibre

Barba y Capella (eds.) Ordinadors a les aules. La clau és la metodologia. Barcelona: Graó 2010

L’editorial Graó acaba de publicar el llibre Ordinadors a les aules. La clau és la metodologia editat per Carme Barba y Sebas Capella i en el que participem un grapat d’autors (G. Al·lès, N. Alart, J. Barato, R. Barlam, I. Bernabé, N. Cervera, N. Coma, R. Doménech, J.L. Fierro, M. Ivanova, M. del M. Lluelles, C. Miró, I. Palahí, A. Pérez Sánchez, I. Pérez Torres, M. del Pozo i J. Adell). Copio aquí el que diu l’editorial:

Els ordinadors ja hi són o arribaran ben aviat a les aules. Aquest llibre ens ajudarà en els canvis que això representa en el dia a dia i que s’han de sostenir en tres grans columnes: *els continguts, les metodologies, les eines i els recursos tecnològics*. Així, veurem els continguts des d’una mirada competencial; les metodologies que han d’afavorir el pensament científic, la creativitat i la solidaritat i, finalment, les tecnologies de la informació i la comunicació. Aquestes metodologies es caracteritzen pel treball cooperatiu, l’atenció a la diversitat, la recerca, la construcció del coneixement, la creativitat i la interdisciplinarietat. A més, es donen a conèixer algunes de les eines que cal posar en mans dels nois i noies perquè facin les seves creacions, les seves tasques, perquè transformin la informació i construeixin el seu coneixement de manera autònoma.

Publicar un llibre, o un capítol d’un llibre, sempre em produeix una sensació agredolça: per una banda, veure el que has escrit, negre sobre blanc, encuadernadet i bonic, em dona una alegria un pel infantil. D’altra banda penso: “I per què no està penjat a Internet per a que qualsevol puga baixar-se’l sense gastar-se un euro? Si el nostre objectiu és millorar l’educació, no guanyar diners o fer “carrera acadèmica”, per què no és gratuït i lliure?”. Ja ho deia: agredolç.

En fi, que hi ha al carrer un nou llibre i sobre l’ús didàcticament innovador dels ordinadors i la Internet a l’aula. Un llibre que, front a la perspectiva institucional de “digitalitzar” l’educació, que pareix consistir en fer el mateix que sempre, però amb ordinadors i “llibres de text digitals”, aposta per transformar les pràctiques dels docents i innovar didàcticament aprofitant les noves eines, recursos i entorns. La resta d’autors tenen tots molta experiència en el tema i formen part de grups de llarga trajectòria i reconegut prestigi en el camp de la innovació didàctica. És un llibre escrit per mestres i per a mestres (amb algun infiltrat universitari :-) ), sense “excursions al futur” i adreçat a mestres que vulguen explorar el què ens ofereixen les noves tecnologies per a millorar les seves pràctiques docents i els aprenentatges dels seus alumnes. Així de clar.

Sigue la polémica sobre la DIY U, PLEs, edupunks y universidad

Un par de textos más para el debate. El primero de un anónimo “Dean Dad” en Inside Higher Ed titulado “Toughts on DIY U. Confessions of a Community College Dean” que plantea las cosas muy claritas:

Eleemosynary institutions have real and serious flaws, but they exist to empower the weak. They are necessary to empower the weak. If you rend them asunder, you will expose the weak to the predations of the strong. This is so fundamental that I’m surprised it even needs to be brought up. If it weren’t scandalously unethical, I’d propose an experiment: take two sets of kids who barely got through a weak school district. Send one set to the local community college, and tell the other set it’s free to educate itself under digital bridges. Come back in, say, ten years, and compare the results on any scale you want. Then talk to me about “edupunks.”

If you’re serious about education for the non-elite, you need institutions. The institutions need to be accountable, and open to creativity, and efficient, and changed in a host of ways that I spend most of my waking hours obsessing over and probably more that I’ve never even thought of. But you need them. Every serious social movement of the past two centuries has understood this. The internet has changed a lot of things, but it hasn’t changed that. The rich kids may experience unbundling as liberation, and to some degree, it can be. But for the vast majority, the issue isn’t that their individuality is being squelched by The Man and his distribution requirements. It’s that without effective educational institutions from preschool on up, they will never get the chance to develop their skills in the first place.

Otro texto interesante es el de Henry Jenkins “Why Participatory Culture Is Not Web 2.0: Some Basic Distinctions“, un extracto de su epílogo al reciente libro de Colin Lankshear y Michele Knobel, DIY Media: Creating, Sharing and Learning with New Technologies. Y del mismo autor “What Can Teachers Learn from DIY Cultures: An Interview with Colin Lankshear and Michele Knobel (Part One)“.

Incorporados quedan al conjunto de reacciones al libro de Kamenetz que estoy leyendo (véase post anterior). Seguro que mañana Downes, Felstein, Wiley, Groom y compañía hablarán del tema.

DIY U, PLEs, edupunk y universidad

Estos días he seguido un debate en la blogosfera TIC norteamericana de lo más interesante. Leí un comentario de Michael Feldstein a un artículo de Anya Kamenetz en Inside Higher Ed sobre su reciente libro DIY U: Edupunks, Edupreneurs, and the Coming Transformation of Higher Education (que ya he pedido, por cierto) en el que decía algunas cosas interesantes. “DIY U” significa “Do It Yourself University”, uno de los mantras del núcleo duro del ideario edupunk y de los horizontes hacia los que “miran” una parte de los defensores de los PLE como alternativa a la educación institucional. Todo esto debe entenderse en el contexto universitario norteamericano actual, aunque aquí en Europa, ya lo sabemos, nos resfriamos cada vez que estornudan. La palabra más citada en este contexto es “insostenible”.

A lo que iba, Michael Felstein hace un par de comentarios interesantes:

First, this seems to be evidence of a possible game changer for the more radical end of the open education movement. I have tended to be very skeptical of theories that higher education will become profoundly more self- and peer driven and will eventually break its bonds with traditional institutions and formal certification. The university is an incredibly stable and change-resistant institution. It has lasted over a thousand years without much evolution in its basic structure. There are a lot of reasons for this, but one big one is that it has tended to reinforce class differences.

Middle class tuition-paying students who grow up to become middle class endowment donating alumni are the economic lifeblood of the university. If they begin to skip college in larger numbers, it would probably force some big changes.

On the other hand, it’s worth thinking about who might get left out of this potential revolution. Folks in the field of educational technology tend to romanticize the notion that the university shall whither away (to borrow a phrase). But ed tech is full of autodidacts, much more so than the general population. I think we tend to assume too often that all people learn the way that we do… If you talk to typical community college professors in the United States, they will tell you that their classrooms are not filled only with the idealized digital natives about whom we gush in admiration, wonder, and possibly envy. They see many students who have not been taught how to read, think critically, or even follow directions… These students are not autodidacts, they are in the most dire need of a good education of anyone in our society, and it is not clear to me that the blossoming of open education for their more fortunate peers will do anything for them other than suck the much needed funds out of an already badly underfunded education system.

Finalmente, la puntilla :-)

Don’t get me wrong; I don’t think the DIY U vision is a bad one. To the contrary, there are many aspects of it that are good, necessary, and overdue. I just don’t think it’s a complete vision. If we are not careful, open education may actually end up reinforcing economic divides, all while we pat ourselves on the back for giving away “free education.” We are failing to educate millions of our citizens in this country, and billions around the world. It’s easy for those of us in the open education movement to see our work in opposition to proprietary technology companies, proprietary textbook companies, and the gatekeepers in the university system. But it’s not the “evil” LMS companies, or the “evil” textbook companies, or the “evil” administrators and bureaucrats that are failing these students. It is all of us. Education is an affirmative responsibility. We need to make educational resources freely available to those who need them, but we also need to do much more than that.

Se monta el “pollo”. Stephen Downes sale al trapo:

The problem with depicting edupunk as *only* the provision of free resources is that you ignore the forces and mechanisms put into place to put those resources there in the first place.

And while David Wiley and others talking about more traditional OER (eg. here ) the approach I and the edupunks take is that these resources are produced by the members of the community themselves.

As I said here “the functions of production and consumption need to be collapsed, that the distinction between producers and consumers need to be collapsed. The use of a learning resource, through adaptation and repurposing, becomes the production of another resource.”

Edupunk, and for that matter OER, are not and should not be thought of in the context of the traditional educational model, where students are passive recipients of ‘instruction’ and ’support’ and ‘learning resources’. Rather, it is the much more active conception where students are engages in the actual creation of those resources.

Un poco de caña al movimiento OCW:

They attempt to co-opt nascent OER initiatives by directing them toward commercial enterprise, arguing that resources must allow commercial licensing, and directing production toward enterprises and initiatives that must receive see funding and draw a return on that investment through the conversion of OERs into commodities.

And they foster a sense of incapacity in opinion and the media to suggest to students themselves that they are incapable of independent action without the comforting support of corporations and institutions, that they are simply not capable of learning form themselves. From the first utterance that “OCW is not an MIT education” the suggestion has been that education must need be a high-priced endeavour, available, really, only to those willing to pay the price.

Y algunos ejemplos en otros sectores que beben en las mismas ideas:

In fact, what we see on the internet, and especially (albeit constrained) in web 2.0 services, a blossoming of creativity and initiative. Even if this currently represents only a minority of the population (and studies, depending on how you look at them, argue both ways) it seems clear that this is something that has taken hold and is in the process of becoming mainstream.

It is activity and work that is taking place outside educational institutions, and would, if it could (and often does), take place outside the corporate environment.

It is the world of mashups, of deviant art, of self-help discussion groups, of environmental activism and pirates, of self-managed learning, of hobbiests, of hackers, of open source programmers, and on and more and more.

Don’t tell me none of this exists.

David Wiley se pica, naturalmente. En Reponses to the DIY U Thread concluye:

So yes, I agree with Michael’s assessment that the whole DIY U vision is great for people with the ability to take advantage of it. For Anya’s “other 85%,” open educational resources can go one of two ways. If we provide them as part of a more comprehensive service, they can lower costs and improve quality. However, if we move wholesale to an independent study model of “have fun at the library, honey, I’ll pick you up at 3!” where DIY opportunities were the only opportunities offered, we’re going to fail (in both senses) the vast majority of our students. And yes, those failures would increase the social and other distances between the knowledge-haves and the knowledge have-nots.

Con respuesta de Downes:

So long as we depict open learning as some form of ‘independent study’, then yeah, it will appeal only to the fifteen percent of people (mistakenly characterized as The Ivys (but the conflation of wealth and achievement is an issue for another day)) that likes to study.

But mostly the people behind open education – the technologists, at least – the administrators remain institution-bound – depict it as anything _but_ ‘independent study’. It’s depicted as more like creating art and music and games and other content, activities that engage far more than some elite fifteen percent, and when sufficiently equitable, attracts something more like 85 percent than 15 percent.

But this is the reality you don’t see at the mall (or, for that matter, in the classroom). Maybe it doesn’t exist in the U.S., I don’t know, but in Canada there is a high level of engagement at all levels in all manner of social and creative activities. This is the proper domain for open learning (and not academia proper, which serves a very specific and far narrower purpose).

¿Y quién falta? Pues Jim Groom (con respuestas y comentarios de Feldstein , Downes, Groom, etc. para no perderse).

En fin, que sigo leyendo. La cosa no ha acabado todavía :-)