innovación educativa

Pensamiento simplón

Es sorprendente cómo pueden ser de simplones las personas cuando hablan de cosas de las que no tienen ni idea: un nuevo artículo en El País (8/12/08) sobre la teoría ¿pedagógica? de “si no lo aprenden es porque tu no te lo sabes bastante bien”. ¿O quizá es que lo que defienden es otra cosa y lo de la enseñanza les da completamente igual?

Addenda 10/10/08:

Vamos a hacer algunas suposiciones, a ver dónde nos conducen:

1. Aceptemos que el CAP, como afirman los autores, es un fiasco. Por tanto, los actuales profesores de secundaria llegan a la docencia con sus licenciaturas y cero conocimientos pedagógicos.

2. Aceptemos también (creo que no tenemos más remedio) que el fracaso de los alumnos es muy alto (alrededor del 30%).

3. La conclusión lógica que se deriva de lo anterior debe ser que tenemos que evitar toda formación pedagógica a los futuros docentes y procurarles más años de formación en sus respectivas especialidades. De paso, el profesor/a que suspenda a muchos alumnos, que vuelva de nuevo a la facultad a hacer un postgrado para a aprender mejor aquello que no aprendió durante el grado.

En el fondo, todo eso de la pedagogía es muy sencillo: tu te lo aprendes bien y así seguro que se lo explicas bien y entonces ellos lo aprenden bien y lo repiten bien en el examen. Ya está.

14 Comments

  1. Es tal el desprestigio del pedagógo en nuestra cultura.

    Que nos estamos dejando influenciar por sistemas de creencias que, aún cuando sean psicológicas, sabes que no necesariamente son lógicas.

    Aún cuando el proceso formativo tiene sus deficiencias, hay que ir al “llano” y, conocer la realidad docente.

    Es que acaso, se quieren crear dos polos. Tres categorías de profesores. “Los Buenos”, “Los malos”, “Los feos”. Coon un silbido tipo Franco Nero.

    Dejemos la hepatopedagogía y, no olvidemos que tenemos cerebro.

    Saludos cordiales

  2. Para simplón, simplón… este post. Jordi, no rascas más que la superficie.
    El problema que el artículo pone de manifiesto es mucho más hondo. Y los pedagogos tienen mucho de culpa en que la pedagogía esté tan desprestigiada entre los profesionales de la enseñanza.
    Paradojas de la vida.

  3. El artículo me parece increíble, al menos, suscribiéndolo quien lo suscribe. ¿Qué hay de las competencias básicas? ¿de toda la reforma “de fondo” que se quiere poner en marcha en educación? o ¿es que estas “tonterías” son sólo cosa de Primaria, que no afectan a Secundaria?
    Pensaba que ya estaba asumido que la antigua creencia en Educación Secundaria ( el docente que más suspende, el más “duro”, es el mejor y el más respetado) era cosa del pasado, que no importa tanto lo que se memorice sino lo que se sepa aplicar, … Pero por lo visto aún queda mucho por hacer en este sentido.
    Un saludo

  4. Tal vez, el autor del texto sea capaz, con su misma retórica, de explicar el sentido de sus propias palabras cuando afirma que:
    “Un profesor debe saber captar la atención de los alumnos enseñándoles a amar el conocimiento, y para lograrlo no hay otra garantía que su propio amor por el conocimiento”.

    Al final resultará que, precisamente, lo que defiende, es decir, el saber de su propia materia, no es lo más importante, sino el “amor” por ese saber… que tal vez, ¡no sepa! Cuestión de interpretación, diría yo…

    Que el CAP necesitaba, desde hace tiempo, una reforma en profundidad, creo que no lo discute casi nadie. Faltaría saber quienes son los que se han encargado de desprestigiarlo. Pero de ahí a los planteamientos que en el texto del articulista se exponen, creo que hay un gran espacio vacío, precisamente de conocimiento, por parte del autor.

    De todos modos, a partir de ahora, tendré que reflexionar en qué paquete estoy, en el de los profesores de secundaria que saben y, por lo tanto, enseñan. En el de los que no saben y no enseñan. O, puede ser, en el de que sí/no saben y… hace que los alumnos aprendan. Dejando de lado el amor o no por el conocimiento (cómo se entere mi mujer de mi vida paralela…).

    Y pensar que este año recibo de nuevo alumnos del CAP. ¿Qué les voy a decir?

    ¿Saludos!

  5. A mí lo que más me ha gustado del artículo es eso de “Un profesor debe saber captar la atención de los alumnos enseñándoles a amar el conocimiento, y para lograrlo no hay otra garantía que su propio amor por el conocimiento.” ¡Qué bonito! Ya me imagino pruebas objetivas para dar cuenta del “amor al conocimiento”. Pero no un amor cualquiera, ojo, que más abajo parece que habla de un amor apasionado.

    Por otra parte, las paellas que yo hago me salen estupendas, my mother dixit. Y si my mother lo dice, es como si me reconocieran dos masters en Harvard y Yale. Por lo ricas que le salen a ella. Pero cuando le intento enseñar a mi chico cómo se hace una señora paella, fracaso como profe estrepitosamente
    (Él -¿Pero y el tiempo exacto de cocción? ¿Y qué cantidad de sal?
    Yo – Pfffff… a ojo).

    “La mejor prueba de que algo que uno creía saber no lo sabe en realidad es que fracasa al enseñarlo”. Que noooo, que ya le digo yo que me salen de cine. Saber, sé. Tengo testigos. Tengo pruebas. A lo mejor es porque nunca me ha gustado la cocina. Comer bien sí, pero cocinar nunca. ¡Qué poco amor apasionado por la materia! Así me va.

    “Si no se sabe cómo enseñar algo es porque no se sabe suficientemente, y la consecuencia es que hay que estudiarlo más y mejor”. Es verdad, podría volver con mi madre para otro posgrado culinario. Aunque no sé si mi chico le verá la gracia. Eso sin contar que mi madre me va a mirar muy muy raro. Ella también echa la sal a ojo…

  6. Esto nos pilla entre dos aguas. Como profesores de secundaria sabemos que hay mucha pedagogía de libro que no nos soluciona nada en nuestro quehacer diario; los casos difíciles siguen sin resolverse y los gabinetes psicopedagógicos se declaran incompetentes. Por otro lado, desde la experiencia del aula, también sabemos que los conocimientos académicos por sí mismos no valen de mucho (quizá en los niveles de Bachiller sí tengan valor).
    Creo que en esta pelea ha molestado que, una vez más, se planteen reformas sin contar con los implicados. El CAP era un desastre, pero si volvemos a dejar la formación exclusivamente en manos de teóricos (sea cual sea su ámbito), cometeremos un nuevo error. Y daremos la razón a quienes afirman que la pedagogía no sirve de nada. Perdón por el tostón.
    P.D. Ya nos contarás cómo ha ido la intervención de F.G. Páez.

  7. Vaya tela con el artículo. Y lo firman catedráticos, y profesores de universidad, y de instituto…(ningún maestro de primaria por cierto). Se habrán quedado a gusto. Ahora resulta que el que más sabe, también es el que mejor enseña. Mi madre, que es una santa, hace las mejores tortillas de patatas del mundo mundial, y leer muy bien no sabrá, pero de cocina… y sin embargo es una odisea entenderla cuando intenta explicarte como guisar un plato. Pues eso, ¿profesores que saben?, a”puñaos” pero que sepan hacerse entender, llegar al alumno… me quedo con dos o tres del centenar que he tenido que padecer desde la escuela primaria hasta la universidad. Lo dicho, se habrán quedado a gusto con el manifiestos de marras.

  8. @Olga: efectivamente, no rasco más que la superficie y es más que suficiente, porque no hay nada que rascar. Quizá algunas personas no se hayan dado cuenta, pero el artículo no trata de pedagogía, ni de educación. Trata sobre el futuro de los estudios de postgrado de una serie de titulaciones de grado cuya salida profesional mayoritaria es la docencia en ESO y Bachillerato.

    @Antonio: Para mí, el Páez ha estado “sembrao”… como siempre. Pero espero a que los estudiantes opinen y comenten la conferencia en sus blogs y en el foro del aula virtual para analizar sus efectos. Linda Castañeda, una colega que ha venido a la charla, ya ha dicho algunas cosas.

  9. Lo que me llama la atención es que sólo se habla de enseñar, como sinónimo de explicar, transmitir saber; algo así, aunque sea poco original, como profesor embudo en botella vacía.
    ¿Cuánto tiempo se dedica a “llenar” a los alumnos a lo largo de la escolaridad? Es decir, a escuchar y no a trabajar y aprender.

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