La Britannica deja de imprimirse y se refugia en la escuela

Encyclopaedia Britannica

Carles Bellver me ha enviado la referencia a un artículo del New York Times de ayer. Resulta que, después de 244 años, la Encyclopaedia Britannica, la cumbre del conocimiento humano, deja de imprimirse. La Wikipedia ha ganado.

La empresa que la produce y comercializa, Encyclopaedia Britannica Inc., radicada en Chicago, anuncia que a partir de ahora se centrará en las enciclopedias online y en productos relacionados con lo que describen como “educational curriculum for schools”, es decir, libros de texto o de consulta. ¿Se refugian en lo que creen el último bastión analógico o en el penúltimo sitio en el que el conocimiento descansa sobre la auctoritas? Lo cierto es que se refugian en el único sitio en el que ganan dinero.

De la última edición en papel, la de 2010, con un precio de 1,395 dólares, se han vendido hasta la fecha 8.000 ejemplares (quedan 4.000 en un almacen). Ahora quizá los puedan subastar en eBay. En 1990 se vendieron 120.000 colecciones solo en los Estados Unidos. Desde entonces, las ventas no han hecho más que disminuir hasta los 8.000 ejemplares actuales. De hecho, los ingresos de la compañía solo dependían un 1% de la Britannica. El 85% proviene de la venta de “productos curriculares” en temas como matemáticas, ciencias e inglés y el 15% de suscripciones a su sitio web.

Las comparaciones entre la Britannica y la Wikipedia fueron constantes desde la aparición de la segunda. Ambas representan dos maneras completamente opuestas de entender el conocimiento humano. Frente a la sabiduría del experto de la Britannica, la Wikipedia oponía la sabiduría de las masas, frente a la visión única de un tema, la del experto, las múltiples perspectivas, frente al conocimiento accesible solo a las élites que pueden pagarlo, el libre acceso al conocimiento creado por todos, frente a solo incluir temas “serios”, casi cualquier tema que interese a alguien, frente al control de calidad en origen, la revisión constante en destino y por cualquiera, y así sucesivamente. El triunfo de lo amateur frente a la profesionalidad, según algunos.

Quizá el momento de inflexión de los dos modelos fue un conocido estudio de la revista Nature (aquí gratis) en el que los expertos evaluaron “frente a frente” 42 entradas de la Wikipedia y la Britannica y que dió como resultado una media de 4 errores por entrada de la Wikipedia… ¡y 3 en la Britannica!. Los expertos también meten la pata. La Britannica objetó la metodología y los resultados del estudio (desgraciadamente dicho documento ya no está accesible en la web de la compañía) y Nature respondió punto por punto rechazando las objeciones. La Wikipedia, en cambio, corrigió los errores.

Pero volvamos a la noticia. Las lecturas que pueden realizarse son variadas y dependen de las creencias del lector o lectora: el triunfo de lo digital frente a lo analógico, de las masas amateurs frente al experto pagado, de la vulgaridad popular frente a la finesse d’esprit en la selección de temas, de la rapidez y conveniencia “en cualquier momento y en cualquier lugar” frente a los hábitos de lectura y estudio tradicionales, del conocimiento como producto de mercado frente al gratuito, etc. El hecho cierto es que vender enciclopedias de papel ha dejado de ser negocio porque la gente se informa y documenta de otra manera y no está dispuesta a pagar por algo que consigue gratis y de una calidad que considera suficiente. Punto.

La otra conclusión interesante se deriva del hecho de que la Britannica obtenga la mayor parte de sus ingresos elaborando y vendiendo productos “escolares” tanto en papel como en formato electrónico en su tienda de e-books. Las escuelas demandan conocimiento “certificado”, respaldado por alguna autoridad creíble. Quizá el modelo de la Wikipedia, o conocimiento creado por usuarios, no cuaje entre unos profesionales, los docentes, que quizá no se sientan lo suficientemente seguros de sus conocimientos y de su capacidad para juzgar por sí mismos si unos materiales curriculares son científicamente correctos y pedagógicamente adecuados: “el libro de texto no puede estar equivocado y si lo está no es responsabilidad mia”.

¿Deberíamos los defensores del conocmiento libre buscar esa auctoritas que respaldase los materiales curriculares que se publican libre y gratuitamente en la red? A mi juicio el problema real no es de auctoritas. El problema es bastante más grave y es epistemológico: una concepción decimonónica del conocimiento y la educación, absolutamente inútil en la sociedad de la información. Seguimos pretendiendo enseñar en las escuelas la verdad (y deseamos que alguien nos la proporcione empaquetada y en cómodas porciones), y no nos dedicamos a que nuestros alumnos desarrollen la capacidad, y posean los recursos necesarios, para elaborar hipótesis, someterlas a prueba o contrastar la información en fuentes diversas, no les enseñamos a valorar la credibilidad de la información y de sus fuentes, solo les enseñamos a repetirla lo más fielmente posible, y eso, a mi juicio, los deja completamente desarmados en un mundo en el que, por poner algunos ejemplos, la mayoría de los periódicos incluyen el horóscopo y se quedan tan anchos, las televisiones dedican más horas a adivinas y echadoras de cartas que a noticias y reportajes de investigación o son directamente instrumentos de propaganda política sin ninguna voluntad de respeto a la imparcialidad informativa o en el que los gobernantes nos mienten de manera sistemática e interesada, contra toda evidencia, sobre todo lo que les conviene y en el que, cuando los pillamos, ni dimiten, ni los encierran, ni los echan a patadas del cargo.

Lo tenemos crudo.

 

 

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