Lecturas para docentes universitarios jóvenes y sensibles

Manzana, librosHace ya unas semanas que escribí la mayor parte de esta entrada. Luego llegó Wert y su decretazo y sentó las bases del fin de la universidad española. Y no lo digo solo yo, lo dicen hasta los rectores, nada sospechosos de ser unos radicales peligrosos. Así pues, realmente no se si tiene sentido todo esto ahora mismo. Bueno, sí que tiene sentido, mucho, lo que no se es si se puede hacer. Pero… ya lo tenía escrito, así que, allá va.

Solo un par de consejos antes de empezar. El primero es que, si el lector o lectora quiere llegar pronto, y a cualquier precio, a profesor titular de Universidad, no debería leer nada de esto ni hacer caso a ninguna de estas ideas. Le ocuparán un tiempo precioso que debería dedicar a aprender la jerga de su tribu y a escribir comunicaciones a congresos a dos manos. El segundo consejo es que si a pesar de todo lo lee, reflexiona sobre su identidad, su contexto y sobre su propia práctica de la profesión y empieza a notar una sensación de incomodidad, cierta desazón ante las cosas que ve y hace en la universidad, no se preocupe: eso es bueno. Tal vez sea el principio de un conflicto congnitivo, el motor del cambio conceptual y el punto de partida de su desarrollo personal como profesional de la educación. Eso significará que ha empezado a cuestionarse cosas, a hacerse preguntas, aunque todavía no tenga las respuestas. Ese es el estado ideal de todo profesional. Niels Bohr dijo una vez que “Un experto es una persona que ha cometido todos los errores que se pueden cometer en un determinado campo”. Cada día, pues, seremos más expertos :-)

Lecturas para docentes universitarios jóvenes y sensibles

0. Con el atrevimiento que me da la edad y la ignorancia (una combinación peligrosa) me gustaría recomendar tres lecturas a la gente joven que está empezando como docente en la universidad. Me refiero a becarios/as, ayudantes, etc. y, especialmente, a los que lo hacen en algún departamento de didáctica, educación, pedagogía, etc. Porque en ellos es menos perdonable que en otros campos del saber: nos dedicamos a esto, ¿no?. Después de casi 30 años en la profesión, estoy empezando a entender algunas cosas y me gustaría que la gente que “sube” ahora no tardara tanto en hacerlo.

1. La primera lectura recomendada es un libro reciente de Martin Weller titulado “The Digital Scholar. How Technology is Transforming Academic Practice”. Y no, no trata de blogs y wikis y la web 2.0 en educación, tranquil@s. El autor explica cómo ha cambiado en los últimos años, con el advenimiento de las tecnologías de la información y la comunicación digitales, la manera de entender y realizar el trabajo académico, esto es, la docencia, la investigación y la difusión del conocimiento. Tres conceptos resumen la tesis de Weller: “digital”, “en red” y “abierto”. Y el capítulo 12, dedicado a la publicación científica, es especialmente recomendable para ingénuos/as, para que no se conviertan en tontos útiles, solo en colaboradores forzosos. También lo podrían leer los jerifaltes de la ANECA, pero a ellos les va bien así, mandando y templando, ¿por qué habrían de cambiar las cosas? Para los que vayan apurados de dinero, hay una versión gratuita del libro en la web de la editorial capítulo a capítulo o se puede comprar en los tenderetes habituales.

Otros autores han investigado y escrito sobre el “nuevo escolar” de la era digital. Recomiendo un artículo que he leído recientemente de Veletsianos y Kimmons del que copio el resumen (supongo que no será delito):

Abstract: We examine the relationship between scholarly practice and participatory technologies and explore how such technologies invite and reflect the emergence of a new form of scholarship that we call Networked Participatory Scholarship: scholars’ participation in online social networks to share, reflect upon, critique, improve, validate, and otherwise develop their scholarship. We discuss emergent techno-cultural pressures that may influence higher education scholars to reconsider some of the foundational principles upon which scholarship has been established due to the limitations of a pre-digital world, and delineate how scholarship itself is changing with the emergence of certain tools, social behaviors, and cultural expectations associated with participatory technologies

Veletsianos y Kimmons lo han publicado en Computers & Education, una revista privativa, de esas que solo pueden leer los universitarios cuya biblioteca paga la suscripción :-( , pero han colgado una copia en Internet, supongo que sin el permiso de los propietarios de los derechos de copia que ellos han tenido que ceder gratuitamente para poder publicar en dicha revista (tras pasar la revisión por pares) y que eso les cuente en el currículum. Esa es una de las tensiones que Veletsianos & Kimmons tratan en su artículo.

2. La segunda lectura que les propongo es más antigua y de corte pedagógico. Pero si algún día va a “dar clase”, “impartir una disciplina”, “enseñar” o algo parecido, no debería dejar de leerlo. Es un clásico:  “Learning to Teach in Higher Education” de Paul Ramsden. El libro trata de ayudar al lector/a a entender qué es el aprendizaje y cómo podemos ayudar a los estudiantes a aprender. El capítulo que más me impactó cuando lo leí es el dedicado a las diferentes concepciones de la enseñanza de los profesores. La mayor parte de los profesores creen que solo hay UNA manera de enseñar: la que ellos aguantaron de alumnos. Y a ellos/as no les fue mal: sacaron buenas notas y son profesores, algo estupendo. Por tanto, no debe ser tan mala. La verdad es que lo es. Ya lo era entonces y lo es ahora. La mayor parte de la docencia universitaria es excelente en contenidos y horrible en metodología. De hecho, la mayor parte del aprendizaje que produce es mérito de los estudiantes, no del profesor. Lea el libro y sabrá por qué.

Otro capítulo interesante del libro es el dedicado a la diferenciación entre aprendizaje profundo y superficial. Una lectura reposada puede ayudar al lector o lectora a “desaprender” algunas cosas que damos por supuestas, y no cuestionamos en nuestro entorno habitual, y a repensar algunas de nuestras prácticas.

Yo lo complementaría, además, con la lectura de este capítulo de Jack Mezirow sobre aprendizaje “transformativo” y no dejaría que como docente me redujeran a un mero “impartidor” de contenidos. El aprendizaje es algo más, solo que, a pesar de haberlo experimentado, nadie nos lo ha explicado.

Si no puede esperar a que les llegue el libro anterior, este artículo clásico de Bar y Tagg puede ser también un buen comienzo para reflexionar sobre este tema.

Hay lecturas más modernas, pero los clásicos lo son por algo.

3. El tercer libro es una especie de “rómpase en caso de incendio”: si no sabe cómo comportarse en una situación determinada… hágalo como un “hacker”. Se trata del clásico “La ética del hacker y el espíritu de la era de la información” de Pekka Himanen. Sería conveniente leerlo todo, pero el primer capítulo es especialmente revelador. Una cita y una pequeña referencia personal ayudará a entender por qué. Pero antes, olvide el significado que los medios de comunicación y los idiotas le dan a “hacker”. Nada que ver.  Lea la Wikipedia si no sabe a qué me refiero.

Pero volvamos al libro. Himanen trata en el primer capítulo la ética hacker del trabajo:

Esta relación apasionada con el trabajo no es una actitud que se encuentre sólo entre los hackers informáticos. Basta con mirar al mundo académico para encontrar un predecesor más antiguo. La actitud de la apasionada investigación intelectual recibió una expresión similar hace casi dos milenios y medio cuando Platón, el fundador de la primera academia, dijo de la filosofía que, “como la luz que desprende el fuego cuando se enciende, nace en el alma y, en lo sucesivo, procura su alimento”.(9)

También se encuentra la misma actitud en cualquier otro ámbito, entre los artistas, los artesanos y los “profesionales de la información”, desde los directores e ingenieros hasta quienes trabajan en los medios de comunicación, o en el mundo editorial y del diseño. No es sólo “Jargon File”, el fichero oficial del argot hacker, el que hace hincapié en esta idea general. En el primer Congreso de Hackers celebrado en San Francisco en 1984, Burrell Smith, el creador del ordenador Macintosh de Apple, definía el término de este modo: “Hackers. Se puede hacer casi de todo y ser un hacker. Se puede ser un carpintero hacker. No es preciso disponer de elevada tecnología, pienso, que tiene que ver con la artesanía y con el hecho de dar importancia lo que uno hace”(10). Raymond señala en su guía “Cómo convertirse en un hacker” que “hay quien aplica la actitud del hacker a otras cosas además del software, como la electrónica y la música; en realidad, cualquiera de las ciencias y de las artes muestra esta actitud en su máxima expresión”.(11)

Cuando leí por primera vez la referencia al “carpintero hacker” de Burrell Smith me acordé inmediatamente a mi padre: era un “pintor hacker” (pintor de paredes, no de cuadros, aunque también dibujaba y pintaba por afición). Las cosas se tenían que hacer bien por el gusto de hacerlas bien, porque hacerlas bien y quedar satisfecho con el proceso y el resultado es su propia recompensa, no porque eso diera más dinero. Normalmente da menos dinero ya que es necesario más tiempo. De niño, me pasaba horas mirando cómo mi padre arreglaba algo roto de casa, dibujaba, pintaba o tallaba madera, haciéndole preguntas y más preguntas. Esa lección de vida de mi padre, evocada por la cita de Burrell Smith, ha quedado tan grabada en mi cerebro que hoy he abierto el fichero del libro y he buscado directamente “carpintero” para encontrar lo que quería contar aquí. En el fondo, un hacker informático es un artesano del código. Fin del detalle autobiográfico. La idea, creo, queda clara.

El mensaje del libro de Himanen es un buen consejo para profesores principiantes: se un artesano, un hacker, de la docencia y la investigación, y no creas que eso es “lo que haces”,  a la postre será “lo que eres”. Haz bien las cosas, auque el sistema premie solo hacer muchas y rápidamente.

Y eso es todo. Mucho atrevimiento por mi parte, creo. De mayor, me gustaría ser tan listo como la gente que ha escrito estos libros y aplicar lo que dicen, y hacer las cosas bien, y aprender de los errores, y no dar nada por bueno porque “siempre se ha hecho así”, porque no se por qué se ha hecho siempre así y porque el mundo ha cambiado. A pesar de las presiones y de que corran malos tiempos para la lírica.

 

 

 

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