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Libro: «Enseñar en la sociedad del conocimiento. Reflexiones desde el pupitre»

¡El tercer post de hoy! ¡Uf! ¡Cuantas cosas por contar!

Enseñar en la sociedad del conocimiento

Estoy leyendo el libro de Jordi Marín, Ramón Barlam y Clara Oliveres «Enseñar en la sociedad del conocimiento. Reflexiones desde el pupitre» editado por ICE-Horsori y lo encuentro absolutamente recomendable. Es un libro escrito por docentes para docentes desde la experiencia, el talento y la sinceridad.

No hace falta que presente a los autores. Son de sobras conocidos entre los que nos dedicamos a todo esto de las nuevas tecnologías y la educación. A Jordi hace menos tiempo que lo conozco, pero su blog está entre mi lista de imprescindibles. Y de Ramón, ¿qué voy  decir?  ¿Que hace años que somos amigos? Cuando yo llegué a esto de la Internet y empecé a vislumbrar qué podíamos hacer con ella en educación (a principios de los noventa), él y sus compañeros y compañeras de LaceNet ya estaban metidos a tope en el tema.  De los proyectos de LaceNet aprendí una enorme cantidad de cosas… sobre todo de pedagogía. Callús (el Bages, Barcelona) fue una peregrinación obligada para mi. A Clara no la conozco personalmente (un tema que espero solucionar pronto), pero sus ilustraciones (véase el ejemplo de más arriba) son estupendas. En fin, el lector está avisado: soy amigo de los autores. Encima el prólogo es de César Coll (otro amigo) 🙂

¿Y de qué habla el libro? Pues habla de educación, de formar ciudadanos y ciudadanas del Siglo XXI y de qué significa ser profesor en plena sociedad del conocimiento. Y se habla desde la experiencia y el compromiso. Los autores comparten con nosotros lo que han aprendido «arremangándose» y formando parte, desde un instituto, de todas estas nuevas realidades, a veces difíciles de comprender, del mundo de los adolescentes actuales. Todos conocemos la actitud de aferrarse al pasado y de hacer ver que no sucede nada, que todo sigue como antes «y si no, es un problema de la realidad, no mío». La actitud de los autores es comprender y actuar, apostar por los jóvenes e intentar aprovechar lo mucho que nos ofrecen las tecnologías de la información y la comunicación, sin renunciar al rol que debe desempeñar el docente en un momento de la historia en que la educación es más importante que nunca para nuestro futuro. Los títulos de dos apartados consecutivos del primer capítulo, «A nuevo escenario, respuestas distinas», me parece que resumen perfectamente su postura. El primero se titula «¿Están nuestros jóvenes peor preparados que los de generaciones anteriores?» (tema recurrente en muchas salas de profesores) y el que le sigue «¿En qué tres cosas son mejores los jóvenes de esta generación?». Portátiles, libros de texto digitales, redes sociales, móviles, videojuegos, entornos virtuales 3D, «pouerpoints», etc. son algunos de los temas sobre los que reflexionan y nos cuentan sus experiencias. Al final de cada capítulo se recomiendan algunas lecturas breves, vídeos en línea y blogs y páginas web. Todos los enlaces a estas referencias se pueden consultar online.

No me resisto a copiar aquí (traducidos), los motivos que explicó Ramón en el acto de presentación y que recoge  en su blog para escribir el libro (es que me cita 🙂 ).

De hecho, y ya como reto personal, me prometí que algún día escribiría en esta línea, después de ver las infumables publicaciones de Antonio Moreno (El panfleto antipedagógico), Fabricio Fernández y otros (Planeta ESO) y Toni Sala (Crónica de un profesor de secundaria). Y es que nuestros alumnos merecen que hagamos algo más que encallarnos en el pasado añorando un sistema que ha pasado a mejor gloria.

Palmira Santamaria, presidenta de LaceNet y buena amiga, condujo el acto [de presentación del libro]. Me preguntaba por qué habíamos escrito este libro. Me permitiréis que lo recuerde:

En primer lugar, porque siguiendo los consejos de Jordi Adell, los maestros tenemos que explicar y publicar lo que hacemos. Aunque los medios de comunicación no se hagan eco (como por supuesto ha pasado con la presentación de este mismo libro, la III Jornada Espurna y la presentación del grupo de secundaria de la Red LaceNet, el I Pecha Kutxa comarcal organizado por el CRP del Bages y del I Trabajo de Síntesis intercentros, en el que han participado 6 institutos de la comarca y un buen número de profesores). En una sociedad en que lo más importante es el fútbol, ​​y la educación pasa de puntillas, tenemos que reivindicarnos un poco.

En segundo lugar, porque en nuestro libro damos voz a muchos compañeros que piensan como nosotros. Que entran cada día en las aulas con ilusión y ganas de hacer cada día mejor su trabajo. Para Carme Barba, Núria Alart, Ricardo, Flora, Núria Reguant, Josep Masalles, Palmira, Jaume, Toni, Mónica, David, Montse, Ángel … y tantos más. Todos con nombre y apellidos. Son tantos que no cabrían en una página.

En tercer lugar, porque cuando un encargo viene de una persona de la valía de César Coll es una oportunidad  única para conectar la universidad con las trincheras. Y es que siempre reivindico que las universidades nos han de hacer más de hermanas mayores y emprender más proyectos juntos.
Finalmente, porque es un gozo ver cómo Sara y Siham, que participaron en la mesa redonda posterior junto al César, Toni Casserres (del Executive Council de la International Education and Resource Network, a quien también agradecemos su colaboración), han acabado con éxito el bachillerato. Oírlas hablar en un catalán impecable, después de ver cómo han luchado estos últimos 5 años, salvando todo tipo de obstáculos, es como para que la gente que ha votado PxC se plantee algunas cosas.

¡Bien dicho, Ramón! Otra educación es posible y la gente como tu y Jordi nos lo demostráis cada día.

 

 

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Prólogo a «Experiencias educativas en las aulas del Siglo XXI. Innovación con TIC»

Juanmi Muñoz @mudejarico me pidió que escribiera el prólogo del libro «Experiencias educativas en las aulas del Siglo XXI. Innovación con TIC» coordinado por José Hernández, Massimo Pennesi, Diego Sobrino y Azucena Vázquez y editado por Espiral, Educación y Tecnología y EducaRed Fundación Telefónica.

 

Portada libro Experiencias...

 

Esto fue lo que «me salió»:

PRÓLOGO

Conozco a muchas de las personas que han participado en este libro. Y no las conozco “de oídas” o me las han presentado en alguna ocasión. Sé lo que hacen: leo sus blogs y sus tuits, comparten conmigo sus ideas y creaciones (textos, vídeos, presentaciones y otros artefactos digitales), conozco sus dudas, sus certezas, sus alegrías, sus éxitos y, a veces, sus fracasos. Muchos de ellos forman parte de mi red personal de aprendizaje, esto es, el conjunto de personas de las que aprendo y con las que aprendo. Son parte de mi “claustro virtual”: son mis compañeros y compañeras en un apasionante viaje a las posibilidades educativas de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) que comenzó hace algunos años. Y si hay un elemento común, una característica que las define y las une, es su pasión por aprender y por compartir con los demás lo que han aprendido. Mi sensación es que siempre están ahí, al otro lado de la pantalla. ¿Tienes una duda? Pregunta y te contestarán.

Todas estas personas, y otras muchas que no están en este monográfico pero que podrían perfectamente formar parte de él, están creando una nueva manera de enseñar y aprender y, en el proceso, una nueva manera de ser docente. Aunque, bien pensado, quizá las ideas no sean tan nuevas, pero nunca hasta la fecha se habían materializado en las aulas de manera tan clara.

Muchos de los principios y supuestos que guían estas experiencias nos remiten a ideas de renovación pedagógica sobradamente conocidas. No en vano la llegada de Internet a los centros educativos ha reactivado el interés por las ideas de autores como Freinet. ¿Qué caracteriza esta “quizá no tan nueva en los libros, pero sí en las aulas” manera de enseñar y aprender con las TIC?

En primer lugar, la mayoría comparte una visión constructivista social y construccionista del aprendizaje y la convicción que para vivir en este mundo cambiante y complejo es necesario desarrollar múltiples alfabetizaciones y competencias y que se aprende haciendo, hablando y reflexionando, elaborando cooperativamente artefactos culturales que integren múltiples fuentes de información, códigos y lenguajes diversos y herramientas variadas. El papel del alumnado en la actividad didáctica no se reduce a receptor pasivo y repetidor fiel de la información proporcionada por una fuente única, usualmente el profesorado y el libro de texto. El alumnado es el auténtico protagonista de la actividad, que le exige poner en juego capacidades cognitivas de alto nivel como el análisis, la síntesis, la evaluación, la creatividad, etc. El profesorado, por su parte, diseña la actividad y el entorno en el que tendrá lugar, sugiere fuentes relevantes de información y herramientas, enseña a buscar y seleccionar nuevas fuentes, orienta la dinámica de los grupos, supervisa el trabajo, acompaña, facilita, evalúa, etc., pero deja que el protagonismo de la acción recaiga en el alumnado.

La metáfora del aprendizaje como adquisición, basada en la visión del conocimiento como sustancia y los medios como conducto, y la metáfora del aprendizaje como participación, basada en la socialización en el seno de comunidades de práctica, son necesarias pero no son suficientes. Es necesario introducir también la metáfora de la creación de conocimiento mediante procesos de mediación trialógica a través de artefactos conceptuales.

La segunda idea poderosa que quiero destacar es que todo este proceso tiene lugar en un nuevo escenario de trabajo docente, y de desarrollo profesional, potenciado por la tecnología. Muchas de las personas que han colaborado en este libro interactúan entre sí de manera habitual, conocen lo que hacen los demás, se inspiran, usan y desarrollan ideas, materiales, herramientas y conceptos compartidos en los múltiples espacios de relación que nos brinda la tecnología. Sus respectivos entornos personales de aprendizaje (PLE) les enriquecen constantemente. Sus referentes son ahora mundiales: no hace falta que sir Ken Robinson, por poner un ejemplo reciente, vaya a su colegio o al centro de profesores de referencia a dar una charla. Todos hemos visto en Internet sus charlas en TED o la entrevista de Punset en Redes 2.0 y hemos hablado entre nosotros en Twitter o en nuestros blogs del interés y la posibilidad (o no) de aplicar sus ideas. Todos y todas conocemos las presentaciones, los vídeos o las propuestas de actividades didácticas que cuelgan en la red unos y otras, incluidos los resultados: los trabajos del alumnado. Incluso asistimos a distancia y en directo a actividades de formación de centros de profesorado de otras comunidades autónomas y charlamos sobre ellas en foros o en Twitter, a veces mientras tienen lugar. Y si queremos poner en marcha alguna idea, tenemos cientos de compañeros y compañeras que nos pueden echar una mano si es necesario. De hecho comienzan a proliferar actividades colaborativas en las que profesorado y estudiantado de diversos centros trabajan juntos en pos de objetivos comunes gracias a la tecnología. Nuestro claustro ahora es el mundo.

Muchos docentes, sobre todo al principio, practican lo que los expertos denominan “participación legítima periférica”: observan, reflexionan, sacan sus conclusiones, a veces actúan, analizan los resultados, replantean la acción a la luz de los resultados… y un día se lanzan a compartir sus ideas con los demás, a preguntar y a responder, a participar activamente en una comunidad difusa pero potente de la que, casi sin darse cuenta, ya forman parte. Algunos docentes universitarios intentamos que nuestro estudiantado entre en este mundo durante su período de formación inicial.

La experiencia nos ha demostrado muchas veces que las TIC no introducen la innovación didáctica por sí mismas. Todos hemos visto formas de utilizarlas basadas en metodologías de otra época: libros de texto ‘digitales’ utilizados como única fuente de conocimiento y ejercicios, pizarras interactivas usadas como antiguos pizarrones para ‘mostrar’ texto y gráficos al estudiantado, ejercicios ‘interactivos’ en línea, que son como antiguos cuadernos de ejercicios descontextualizados, pero ahora “autocorrectivos”, etc. No es un peligro baladí: muchas empresas e incluso autoridades educativas intentan ‘vendernos’ dichos usos como la mejor manera de integrar las TIC en el currículum. Pero si hacemos que el alumnado realice con las TIC lo mismo que antes con tecnologías de la era de la imprenta es previsible que los resultados de aprendizaje sean similares. Si en lugar de libros de texto de papel usamos libros de texto digitales, prácticamente idénticos, y los utilizamos de la misma manera que los de papel, es lógico que los resultados sean los mismos que antes. Las TIC permiten y facilitan, pero no imponen, otra manera de trabajar. Si accedemos a Internet desde el aula y el hogar no es para estudiar el libro de texto, es para consultar fuentes diversas de información y usar herramientas poderosas para comprender y transformar la información. La clave, por tanto, no es la tecnología, sino un cambio metodológico en el cual las actividades se centran en los intereses y necesidades del estudiantado, que las percibe como auténticas, que promueven la cooperación y el debate entre iguales a través de la elaboración de artefactos culturales utilizando múltiples códigos, lenguajes y herramientas, que animan a comprender, a investigar y a crear y no solo a recordar las respuestas correctas, actividades cuya evaluación tiene en cuenta tanto el proceso como el producto, etc. Pero las TIC no solo nos proporcionan fuentes de información y potentes herramientas para esta manera de trabajar, nos proporcionan inspiración para diseñarlas y un espacio para compartirlas.

Los lectores encontrarán en este libro muchas ideas para aprovechar el potencial de las TIC, más allá de “no ensuciarse las manos de tiza” con las pizarras digitales. Pero este libro es, además y sobre todo, una invitación. Una invitación que dice: “vente con nosotros/as a hacer buena pedagogía con las TIC y por el camino vamos a reinventarnos como docentes”.

Las TIC están aquí y están para quedarse. El lector tiene delante una buena muestra de las ideas que se están creando colectivamente y poniendo en práctica con y desde las TIC en escuelas, institutos, universidades y centros educativos de todo tipo. Y las están creado un colectivo cada vez más amplio que demuestra que a pesar de la crisis, la falta de medios, las decisiones a veces poco acertadas de la Administración, el desinterés de muchos sectores educativos, las rigideces y carencias del currículum oficial, a pesar de la tremenda masa inercial de instituciones y personas, otra educación es posible. Yo creo que, además de posible, es absolutamente necesaria. Nos jugamos nuestro futuro.

 

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Carta a los editores de libros de texto

 

Estimados amigos,

No nos conocemos personalmente, pero sigo con atención sus ruedas de prensa y leo sus estudios en su web. En algunas jornadas, etc. he coincidido con algún trabajador/a de sus empresas y hemos intercambiado opiniones sobre el futuro de los libros de texto en una escuela en la que todos y cada uno de los estudiantes disponen de un ordenador portátil y conexión a Internet… allí y en su casa (un futuro bastante probable y cercano). En esas ocasiones no me he privado de expresarles mi opinión de que Uds., ahora mismo, tienen dos graves problemas. El primero es que no tienen ni idea de qué pueda ser un » libro de texto digital». No se preocupen demasiado por esto: ni Uds. ni nadie. El «libro de texto digital» no existe y posiblemente no existirá jamás. Luego se lo explico. Pero es evidente a la luz de lo que han hecho hasta la fecha. No hay más que ver sus «demos»: han «digitalizado» sus libros de toda la vida (y les han añadido cuatro animaciones en «flash», tres clips de vídeo y cinco ejercicios autocorrectivos para ver si el niño se acuerda de la definición de sintagma nominal).

El segundo problema es que, como no tienen «producto», tampoco tienen ni idea de cómo venderlo. Bueno, no tienen ni idea de cómo venderlo sin perder dejar de ganar una enorme cantidad de dinero. En el año 2008, me permito recordarles, recaudaron casi 900 millones de euros de los ciudadanos de este país. Lo he leído en una de sus notas de prensa, concretamente la titulada Los editores ponen en marcha una plataforma de contenidos digitales de enseñanza (en el último párrafo). El problema, parece ser, es que la Administración educativa no está dispuesta a seguir pagando sus libros de texto en papel porque se ha gastado una pasta en ordenadores para los niños y las escuelas. Los quiere en formato digital para sus flamantes portátiles y, ¡horror! no está dispuesta a pagar los precios actuales. Creo que la cosa está ahora mismo por unos treinta euros por todos los libros de un alumno (creo que esto es lo que la administración educativa catalana baraja ahora mismo y si no es así, algún amable lector me corregirá).

El objetivo de esta nota, sin embargo, no era informarnos de sus ingresos anuales, sino de su proyecto NEDA, una plataforma que… pero mejor dejar que Uds. lo expliquen:

NEDA está concebida como una herramienta multiuso que albergará un catálogo de contenidos educativos, contenidos educativos interactivos, biblioteca digital y otros materiales de enseñanza complementarios al libro de texto que permitirá a profesores, alumnos y padres mejorar o completar los materiales curriculares con actividades de refuerzo.

He resaltado una palabra en su texto para facilitar la comprensión, espero que no les importe. NEDA es una plataforma para vender materiales complementarios al libro de texto, digital o en papel. Queda claro.

Pero el motivo que me haya decidido a escribirles esta carta es otro. Hace un par de días la prensa publicó la crónica de su última rueda de prensa. El titular de la nota que difundió Europa Press es, lo reconocerán, un tanto «fuerte»:

Editores acusan a los poderes públicos de «cómplices de piratería» al fomentar la gratuidad de los contenidos educativos

En la noticia de Europa Press decía:

Los editores han acusado este martes a los poderes públicos de «cómplices de la piratería» porque «al fomentar la gratuidad de los contenidos educativos se anima a las nuevas generaciones a cuestionar la legitimidad de remunerar la creación»…

¿Podrían explicarme cómo fomentando la gratuidad se «anima a cuestionar» la legitimidad de remunerar la creación? Y, de paso, si «creación» es lo que Uds. creen que hacen con los libros de texto? No lo tengo muy claro. Quizá deberían haber dicho «remunerar la edición, reproducción y distribución en papel de los libros» que es, creo, a lo que se dedican.

Y sigue más abajo:

En declaraciones a Europa Press, Ávila [Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE)] ha criticado que las administraciones públicas «gasten el dinero destinado a educación en ordenadores y pretendan que los contenidos se les regalen» y advirtió de que «la máquina sola no da inteligencia» y, por lo tanto, recomendó que «no se primen las herramientas en detrimento de los contenidos educativos». Además, ha señalado que el cambio tecnológico no puede ser utilizado por las administraciones para convertirse en «malas editoras» de libros de texto.

Por último, el coordinador del informe [presentado en dicho acto y titulado La situación de los contenidos digitales educativos en los países de la OCDE: perspectiva española], realizado por la Unidad de Psicología del Consumidor y Usuario de la Universidad de Santiago de Compostela, Eduardo Picón, ha apostillado que «no existe a día de hoy ni un marco teórico sólido ni evidencia empírica suficiente de que las TICs mejoren de forma generalizada los procesos de enseñanza y aprendizaje ya que el verdadero valor añadido de estas nuevas tecnologías lo proporcionan los contenidos».

Permítanme que muestre mi sorpresa: ¿están mordiendo la mano que les da de comer? Es una mala idea. Quizá estén presionando para que la administración continúe gastando esa cantidad obscena, e innecesaria en la era digital, de dinero de nuestros impuestos en sus libros de texto en papel. Pero antes, deberían decidir a qué juegan: libros de texto digitales o en papel. Si es lo segundo, no creen portales para vender actividades de refuerzo (digitales, por supuesto) y dediquense a afirmar que la Internet es mala y que mejor que no se use en educación (habría gente dispuesta a creerles). Si, por el contrario, el formato digital no es tan nefando, pues ya pueden pensar un plan de reestructuración del sector pues pasar de 200 euros año/alumno a 30 supondrá una rebaja notable en sus cuentas de resultados, aunque también se rebajarán sus gastos en papel y distribución. Quizá no necesiten a gran parte de su plantilla, al cambiar de papel a digital… o quizá sí. Igual tiene que seguir enviando a los Reyes Magos a las escuelas.

Y no pienso decir nada de las opiniones del señor Picón, coordinador del informe que la Unidad de Psicología del Consumidor y Usuario de la Universidad de Santiago de Compostela les ha hecho. No conozco sus publicaciones sobre didáctica y nuevas tecnologías y no quiero pronunciarme al respecto. Pero yo, de Uds. me mosquearía de que los informes que encargan les digan solo lo que Uds. quieren oír (o quieran hacer oír a la opinión pública, entonces sería otro tema). No se qué entiende por «suficiente», ni si las evidencias a las se refieren son proyecto de dotación de TIC y no hacer nada más esperando sentados a que los niños y niñas aprendan solos. Con lo cuál le podrían haber encargado el estudio directamente a Perogrullo.

El error, su error, es creer en las propiedades mágico-didácticas de los «contenidos». Señores, los contenidos, sin docente, se llaman libros y bibliotecas, hace años que tenemos y, que yo me hay enterado, no han acabado con las escuelas, ni las universidades. Los maestros y maestras educan, sus libros son, o eran en su tiempo, una ayuda. Igual que la Internet ahora. Desgraciadamente para Uds. en Internet hay recursos mucho mejores que sus unidades didácticas, «contenidos» que los maestros usan en sus actividades didácticas. Pero en Internet hay más cosas: hay, por ejemplo, herramientas fantásticas para enseñar y aprender (¿han visto alguna vez Google Maps?), y hay otros docentes y alumnos de todo el mundo, con los que aprender juntos… y eso, sus libros actuales y futuros no lo van a tener. Lo suyo son «los contenidos». Como la Wikipedia, vamos. Y las actividades didácticas que proponen, que se resuelven… estudiando los contenidos. No muy innovador ni de mucha calidad didáctica, si me permiten.

En fin, creo que el mundo va en una dirección y Uds. están anclados en el pasado. Les ha ido bien, y les va bien ahora mismo, pero pónganse las pilas. Porque, si tengo a la misma distancia, un clic de ratón, una exposición del Museo Británico sobre Egipto, quizá su unidad didáctica sobre el arte egipcio me parezca un poco «cutre» y encima trabajo con la de Inglés. Si tengo las programaciones de otros docentes, quizá la suya me sepa a poco para hacer la mía propia, y si puedo trabajar junto a otras cinco escuelas estudiando un tema «sobre el terreno», con datos actualizados en tiempo real, y los estudiantes pueden publicar sus resultados en la red, quizá sus actividades sugeridas me sepan a cartón, si en sus libros digitales, cada vez que profundizan en algo, me remiten a vídeos o páginas de la Internet, quizá piense que todo lo que necesito ya está en Internet y que gastarse mis impuestos en algo que se puede conseguir gratis, pues no está claro. El día que los docentes se den cuenta que esos cañones y pizarras digitales se pagan con sus impuestos… En fin.

Por otra parte, tienen razón en un tema. La administración juega a dos barajas (o su mano izquierda hace una cosa y la derecha otra) y no debería ser la autora de los materiales de enseñanza. Lo mejor que podría hacer es subvencionar a los grupos de docentes más didácticamente innovadores para que  los hicieran y los compartieran gratuitamente por la red. De hecho dichos grupos ya lo están haciendo sin que les ayuden demasiado desde arriba. Dicen que «el conocimiento quiere ser libre». Quizá sea cierto. Lo que si es cierto es que la red ha cambiado las reglas del juego. Y Uds. se han dado cuanta tarde: no tenían preparada ninguna estrategia para los nuevos tiempos.

Finalmente, permítanme una reflexión final. Eso que están «buscando», el libro de texto digital, no lo encuentran porque no existe. Y no existe porque quizá no tenga sentido en estos tiempos que vivimos. En la época en la que el acceso a la información era costoso y difícil, un libro de texto tenía mucho sentido: todo lo que merece ser sabido en el curso en un solo sitio, ordenadito y semidigerido. Gran ayuda para los docentes. Eso, hoy, en la era Internet, es sencillamente impensable. Pretender que paguemos esas cantidades por ello, más todavía. La administración y los ciudadanos no tragaremos si no nos ofrecen algo más. Quizá deban «repensarse» como empresas de servicios y dejar de verse como empresas que elaboran industrialmente un producto material, caro, idéntico, inflexible y, en demasiadas ocasiones, malo, para todos los estudiantes. Ya deben haber notado que pasar los libros actuales al formato digital no funciona: las posibilidades del soporte dejan en evidencia sus PDFs encerrados en lectores Flash. Es más, no pongan demasiadas esperanzas en plataformas neutrales, objetos de aprendizaje estandarizados y desagregación de contenidos, ni en ofrecer sus libros dentro de una plataforma, es la idea misma de limitar el uso educativo de la red a un conjunto de contenidos,  estáticos e iguales  para todos, que se pueden conseguir gratis en cualquier parte, la que no tiene sentido. Agreguen valor y hablaremos.

Paul Graham, en Post-Medium Publishing, estableció el criterio de manera muy clara:

“Cuando vea una iniciativa que utiliza las nuevas tecnologías para dar a la gente algo que quiere y que no había tenido antes, probablemente esté viendo un vencedor. Y cuando vea algo que es una mera reacción a la nuevas tecnologías, en un intento de preservar una fuente existente de beneficios, probablemente esté viendo a un perdedor”.

El problema es que los docentes que quieren libros de texto digitales son precisamente los menos innovadores y los menos comprometidos con el aprendizaje de sus alumnos (esto levantará algunas ampollas, pero alguien tiene que decirlo). Eso los padres lo descubrirán pronto, si no lo han descubierto ya. Del mismo modo que los centros que se niegan a usar los portátiles deberán dar explicaciones a las AMPAS. Y las escuelas que se aferren a los libros de texto teniendo toda la Internet a su disposición, posiblemente tengan pronto mala fama.

Perdónenme por el tono indignado de esta carta, pero han llamado públicamente «cómplices de piratería» a mis representantes políticos y, aunque no me gusta gran parte de lo que hacen, siguen siendo mis representantes y, en este caso, si se esfuerzan por conseguir materiales educativos de calidad y más baratos en lugar de hacerles a Uds. más ricos, les aseguro que tienen todo mi apoyo.

Un comentario final. No deberían morder todas las manos. De los proyectos del tipo «portátiles sí, pero innovación didáctica ninguna» como el catalán Educat 1X1, y su futuro iTunes de los libros de texto, la plataforma Empúries (otras comunidades autónomas también merecen tirones de oreja, pero no es el momento), aunque no les gusten por su pretensión de bajar sustancialmente los precios de los libros de texto (digitales) deberían besar por dónde pisan. Siguen creyendo que los docentes necesitamos libros de texto. Eso es muy bueno para Uds. Aunque, si tienen que besar algún suelo, les recomiendo las moquetas de Aguirre, Camps y Valcárcel. Y no le regalen nada a Camps, por favor. Ya tiene bastantes líos.

Atentamente,

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Foto: Rhonndda. Shelf of Old Books. (Licencia CC BY-NC 2.0).